
De vez en cuando necesitamos un shock que nos redima de la penosa, mecánica y rutinaria vida que nos imponen. Para ello recurrimos a las cosas mas estúpidas. Desde hacernos romper nuevamente el corazón, hasta sublimar nuestras ansias tanáticas en relatos truculentos capaces de cuestionar la predecible cotidianeidad.
El relato de horror es indefectiblemente hijo de la modernidad. Pervivencia de la oralidad rural que los románticos de la Europa puritana hiperbórea retomaran, para filtrar irreverentemente en la esfera estética del mundo racional positivista cuya secularización todo parecía condenado a devorar.
Con el siglo XX la cosa cambio y hasta la herética y desvergonzada exhibición de espectros y misterios inexplicables abrieron paso a los relatos materialistas de horror, en los que los monstruos eran perfectamente explicables desde la ciencia. Pero por mas explicación, el desmadre de la situación, la inesperada invasión del caos a la predecibilidad de la organización social burgueza siguió desafiando y seduciendo el inconsciente colectivo de época.
Esta película me resulto otro hallazgo. El mero hecho de que sea de factura española ya es llamativo.
En si la historia es bastante sencilla. Un programejo de TV sale a acompañar las recorridas nocturnas de un escuadrón de bomberos. En eso, una emergencia sanitaria hace prisionero a todo un inquilinato. Allí se desata una epidemia que hace de sus habitantes unos horrendos humanoides asesinos.
La trama no es en si nada original. Se situa entre el cuento materialista de terror, el llamado horror de contagio (con toda la paranoia de que cualquiera puede convertirse repentinamente en monstruo) y una de esas de zombis en las que vuelan tripas para todos lados. Sumémosle a eso que esta grabada como un falso documental con una sola cámara bien en la honda del Proyecto Bleirwitch.
Lo cierto es que la peli te sumerge en un clima que va de lo angustioso a lo pesadillesco continuamente. Muy efectista y con un ritmo vertiginoso, Manuela Velasco (a pesar de ser demasiado rubia para mi gusto) logra protagonizar eficazmente su papel. Para el final hay un postmoderno coqueteo entre ciencia y religión (o fenómenos para normales) que le pone la guinda a la historia.
Mas que recomendable!!!

medina. le escribo aquí sobre su encuesta, porque no puedo con mi genio de bruja manipuladora y quisiera hacer una observación a su bolsa de gatos de malos que ha propuesto.
Las historias occidentales, en tanto conllevan un proposito moralizador necesitan de malos y villanos. No sería posible relatar un cuento en el que el protagonista no tuviera un oponente al que derrotar. Los malos sirven para ofrecer un marco de referencia, en tanto permiten ver al heroe mas valiente, mas perseverente, mas bueno.
Una cosa es el malo estereotipo, el malo de cuento clasico: lo que lo hace malo es que encarna la maldad absoluta y su atmósfera cruel moviliza la trama. En historias como El señor de los anillos o He Man, los malos son “el mal”, la maldad como una fuerza inequívoca que moviliza a todos los personajes. De hecho estos malos no tienen rostro, ni a Sauron, ni a Esqueletor se los ve, pero estan onmipresentes y su accionar es la fuerza de maldad contra la que tienen que luchar los personajes. La lucha es en si misma redentora Tales elementos se repiten en casi todas las historias infantiles occidentales donde se representa la dualidad bien-mal y la lucha interior por la que transitan los personajes (sobre todo si son heroes) para alcanzar la felicidad.
Existe una figura mas compleja: el malo con ideologia, con propósitos personales que implican propinarle crueles desventuras a los otros. Estos son malos de una construcción mas avanzada. Lo que los hace malos es su papel dentro de la historia. Tal es el caso por ejemplo de Voldemort, el malo de Harry Potter, quien cree en una casta superior de magos que tienen que prevalecer y hacer pelota a todo el resto. Tal es el caso de Lord Vader, mi malo preferido (que al final se redime). Tal es el caso de Diana. Tal es el caso de Magneto. Los vuelve malos un propósito antagónico.
Pensar en Sigfried es pensar cual agencia representa al mal y cual al bien. Desconfio de una que se autodenomine Control y simpatizo mas con una llamada Kaos...
El señor Burns y Mauricio me parecen ejemplos parecidos... Son el estereotipo clásico de capitalista despiadado y sin ninguna clase de escrúpulos. Son bastante patéticos además, porque se los ve cobardes e incapaces de hacer muchas cosas por si solos... Pero creo que no debió incluirlos en la lista.
Confundir los malos nos puede llevar a construcciones tremebundas. Y ni pensar la consecuencia de nuestras posteriores elecciones.
Pero no es este el momento de profundizar en estos asuntos, el tema era complicar un poquito la cosa del comicio, de puro bruja malvada que soy.
le mando un cariño asi de grande.
8 de marzo de 2008 8:18